
En estos días estoy preparando el nuevo taller que voy a realizar en la Biblioteca Pública de Madrid Iván de Vargas. A unas horas de su «estreno» me ha llamado mucho la atención la expectación que ha despertado en mi entorno. Desde luego somos conscientes de que necesitamos afrontar la vida de una manera diferente, con mayor consciencia y desde un punto de vista más proactivo. Creo que eso lo sabemos todos.
Sin embargo nos faltan herramientas para lograrlo. No sé si me lo perdí, pero a lo largo de mis casi viente años de paso por la educación oficial (EGB, BUP, COU, Universidad…) jamás me dieron claves para lograr un bienestar personal más allá de frases bienintencionadas sin contenido o ánimos para buscar, en mi futuro laboral, el secreto de la felicidad.
El



Nos explica Timothee Galloway en su libro «El juego interior del tenis» (1978) que el rendimiento de un deportista está supeditado a las dos partes de la persona que disputan constantemente una lucha para prevalecer la una sobre la otra dentro de su cabeza. Habla de que las personas tenemos un YO1 y un YO2. En el caso del YO1, es esa voz que de manera casi constante nos está juzgando y pidiendo que hagamos las cosas según su criterio, que enaltece el error haciéndonos ver lo mal que estamos rindiendo o buscando en el exterior las razones para ese mal rendimiento.